La madrugada del 30 de julio de 1968, el Ejército ocupó planteles de la UNAM y el IPN en la Ciudad de México, luego de los enfrentamientos entre estudiantes y cuerpos policiacos. En la Preparatoria 1, ubicada en el antiguo Colegio de San Ildefonso, los militares derribaron con un disparo de bazuca la puerta histórica del recinto.
El operativo fue presentado por las autoridades como una respuesta necesaria ante disturbios que, según su versión, formaban parte de un plan de agitación y subversión contra el país. La explicación oficial también vinculó a algunos de los jóvenes detenidos con el Partido Comunista y buscó justificar la intervención militar en instalaciones universitarias.
La versión oficial del gobierno
En una conferencia realizada después del ataque, funcionarios de Gobernación, del Departamento del Distrito Federal y de las procuradurías capitalina y federal afirmaron que el Ejército había sido llamado debido a la magnitud de los disturbios estudiantiles. El argumento pretendía presentar la intervención como una decisión institucional y no como una acción autónoma de las fuerzas armadas.
Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación, sostuvo que las movilizaciones estaban relacionadas con una conspiración internacional y mencionó la Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana en 1966. También afirmó que el ataque había servido para preservar la autonomía universitaria, una explicación cuestionada durante la propia conferencia por el escritor Edmundo Jardón Arzate.
“La intransigencia de un grupo sectario provoca la acción enérgica del gobierno”
Esa frase fue utilizada como encabezado por uno de los diarios que difundieron la postura gubernamental. De acuerdo con el análisis recuperado sobre la cobertura de aquellos días, los medios destacaban boletines, declaraciones autorizadas y discursos revisados por las autoridades, en un contexto de fuerte dependencia económica y política frente al gobierno.
El bazucazo y la escalada represiva
Los estudiantes se habían refugiado en la Preparatoria 1 después de que la policía les impidió avanzar hacia el Zócalo para participar en un mitin. La puerta barroca de San Ildefonso, elaborada en el siglo XVIII, fue destruida durante la entrada de las fuerzas militares, que también tomaron otros planteles.
La ocupación de las escuelas y el derribamiento de la puerta provocaron una reacción dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México. El rector Javier Barros Sierra izó la bandera a media asta y posteriormente encabezó actos de protesta por la ocupación militar y lo que consideró una violación a la autonomía universitaria.
El episodio del 30 de julio formó parte de una escalada de violencia que continuó con la toma militar de Ciudad Universitaria y del Casco de Santo Tomás, antes de la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. La cobertura de los primeros ataques contribuyó a consolidar públicamente la versión oficial sobre el movimiento estudiantil.
A casi seis décadas de distancia, el bazucazo contra San Ildefonso permanece como uno de los símbolos del inicio de la represión estatal contra el movimiento estudiantil de 1968 y de la relación entre el poder político, las fuerzas armadas y los medios de comunicación durante aquel periodo.

