La renuncia a la nacionalidad estadounidense es un acto serio e irrevocable que debe realizarse mediante un procedimiento formal ante autoridades de Estados Unidos, advirtió el Departamento de Estado, luego de que figuras políticas mexicanas informaran sobre su decisión de abandonar una segunda ciudadanía ante sus aspiraciones electorales rumbo a 2027.
El tema cobró relevancia después de la aprobación de una reforma relacionada con la doble nacionalidad para determinados cargos públicos. El senador de Morena Ricardo Sheffield declaró que nació en Los Ángeles, California, pero que renunció a la ciudadanía estadounidense cuando tenía 18 años y confirmó el procedimiento a los 21.
También se informó que Jasmine Bugarín, coordinadora de Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional de Nayarit, realizó en 2018 un trámite para renunciar a su nacionalidad estadounidense. La funcionaria había sido señalada por su nacimiento en Estados Unidos en el contexto de sus posibles aspiraciones políticas.
El procedimiento debe realizarse personalmente
La pérdida de la nacionalidad estadounidense no ocurre únicamente por manifestar la intención de renunciar ni por realizar un trámite ante autoridades mexicanas. La persona debe comparecer personalmente ante un funcionario diplomático o consular de Estados Unidos, presentar la solicitud correspondiente y, cuando proceda, prestar el juramento de renuncia.
Después de la entrevista y la revisión del caso, el Departamento de Estado determina si emite un Certificado de Pérdida de Nacionalidad. La expatriación se concreta cuando la autoridad estadounidense aprueba ese certificado, por lo que el proceso puede tardar varios meses.
La renuncia es personal y no puede ser realizada por padres, tutores u otra persona en representación del interesado. Además, una vez aprobado el certificado, la decisión generalmente no puede revertirse, salvo mediante los mecanismos administrativos o judiciales previstos por la legislación estadounidense.
Consecuencias de abandonar la ciudadanía
Las autoridades estadounidenses recomiendan que quien contemple renunciar cuente con otra nacionalidad o tenga certeza de adquirirla poco después. De lo contrario, podría quedar en condición de apátrida, sin la protección consular habitual y con dificultades para obtener documentos de viaje.
Una persona que ya no sea ciudadana estadounidense también tendría que solicitar una visa para ingresar a Estados Unidos, como cualquier otro extranjero. La renuncia tampoco elimina necesariamente obligaciones fiscales, responsabilidades relacionadas con el servicio militar ni posibles consecuencias legales por delitos cometidos.
El presidente de la American Society of Mexico, Larry Rubin, señaló que no basta con expresar la intención de renunciar, pues el país de la otra nacionalidad debe aceptar y formalizar el trámite conforme a sus propias leyes.
En este contexto, la discusión sobre la doble nacionalidad se mantiene vinculada con la participación política y los requisitos para competir por cargos públicos. Sin embargo, la renuncia a una ciudadanía extranjera implica efectos jurídicos y personales que deben ser considerados antes de iniciar el procedimiento.

