Jaimee Lupton ha construido dos marcas de belleza con una premisa común: ofrecer productos de calidad, accesibles y vinculados con la autoexpresión. Monday, su firma de cuidado capilar lanzada en 2020, ha superado los 300 millones de dólares en ventas minoristas y tiene presencia en 47 países, mientras que Daise busca conectar con las generaciones Z y Alfa a través de fragancias y productos corporales.
La empresaria neozelandesa sostiene que la belleza no debe presentarse como una experiencia exclusiva o inalcanzable. Su propuesta combina fórmulas funcionales, una identidad visual reconocible y precios que permitan incorporar los productos a la rutina diaria.
Monday nació para cubrir un espacio en el mercado
La idea de crear Monday surgió a partir de una pregunta sencilla: por qué un cabello con apariencia saludable debía implicar un gasto elevado. Lupton identificó una oportunidad entre las marcas profesionales de salón y los productos masivos que no ofrecían una experiencia diferenciada.
A partir de ese vacío, desarrolló una marca con apariencia aspiracional, calidad inspirada en el salón y disponibilidad en canales de consumo cotidiano. La estrategia permitió que Monday se integrara en la vida diaria de sus clientes sin depender únicamente de las tendencias.
Para Lupton, un producto puede llamar la atención por una moda, pero solo se convierte en un básico cuando mantiene su utilidad y calidad con el paso del tiempo. Por ello, su enfoque prioriza la permanencia en la rutina sobre el impacto momentáneo en redes sociales.
Daise apuesta por una belleza más lúdica e inclusiva
Con Daise, la emprendedora trasladó esa visión al cuidado corporal y las fragancias. La marca está dirigida especialmente a consumidores jóvenes que entienden la belleza como una forma de juego, creatividad y expresión personal, más que como una obligación para ajustarse a un estándar.
La propuesta también busca que los productos sean accesibles para quienes desean experimentar con aromas, texturas y rutinas sin asumir precios elevados. En este modelo, la inclusión no se limita a ampliar la oferta, sino que implica permitir que más personas se sientan parte del universo de la belleza.
El consumidor mexicano y la belleza como experiencia
El mercado mexicano ocupa un lugar relevante dentro de esta estrategia por su relación emocional con la belleza y el cuidado personal. Además de buscar calidad, los consumidores suelen vincularse con la personalidad, el diseño y la experiencia que representa una marca.
Esta conexión coincide con la visión de Lupton, quien considera que las nuevas generaciones están dejando atrás una relación puramente funcional con los productos. La elección de una fragancia o un artículo de cuidado personal también comunica gustos, estados de ánimo e identidad.
Bajo esa perspectiva, la llamada belleza coleccionable podría marcar el rumbo de la industria: productos que, además de cumplir una función, forman parte de una colección personal y ayudan a expresar quién es cada consumidor.

